La delata el brillo de su mirada.
Sentada frente a la cómoda de su habitación, se cepilla el pelo mientras mira absorta a un punto indeterminado de la pared.
La observo con detenimiento con una media sonrisa en los labios.
Hace días que está diferente, algo en ella ha cambiado y sé a ciencia cierta que nuevos y desconocidos sentimientos bullen en su interior.
Las pasadas con el cepillo las hace con lentitud, como a cámara lenta, mecánicamente.
Se peina mientras sueña despierta.
A través del espejo se cruzan nuestras miradas, arquea las cejas, un gesto muy común y propio de ella, en señal de pregunta.
Cruzo los brazos mientras la escucho entonar una canción. Su voz aún contiene trazos de aquella niñez recién dejada en un rincón de su corta existencia.
No me cuenta nada, es su secreto, lo atesora con ella, porque cree que nací con esta edad. Tal vez no se da cuenta que yo también tuve catorce años. Que sé perfectamente lo que siente, lo que sueña, lo que desea y lo que anhela. A su edad también me enamoré así, como ahora lo está ella. También tuve un primer amor como lo tiene ahora ella.
La miro pero ya no la veo, me parece haber retrocedido en el tiempo como por arte de magia.
Me veo a mí misma con su edad, frente a él, junto al chico que provocó en mí todos esos sentimientos que se sienten una sola vez en la vida. Casi puedo saborear el primer beso con toda la candidez de los catorce años. Casi llega hasta a mí la fragancia de su ropa cuando me abraza por vez primera. Casi puedo ver la mirada apasionada del que jugaba a ser hombre cuando apenas había dejado de ser un niño. Hasta me parece sentir la inocencia aquella. Esa que jamás regresa una vez se ha perdido con el tiempo.
Es algo que no se olvida nunca. Ella tampoco lo hará. Por muchos años que pasen, por muchas historias diferentes que viva, que las vivirá, por mucho que le cambie la vida, que le cambiará, jamás olvidará lo que siente ahora.
Se despide de mí con un hasta luego mamá, he quedado.
Le doy un largo abrazo y le digo que no vuelva tarde.
Mientras salgo de la habitación, pienso en las cosas que me callo. Me he callado que sufrirá por ese amor, me he callado que con el tiempo pensará que es un amor pasajero y que durante mucho tiempo lo relegará al olvido, me he callado que volverá a amar profundamente pero sin la intensidad de esa primera vez. Me he callado que cuando tenga mi edad casi morirá por querer sentirlo de nuevo a su lado , aunque sólo sea para revivir aquella inocencia que lo ocupaba todo. Aunque sólo sea por un momento deseará un último beso, un último abrazo de aquel que por primera vez le depositó millones de mariposas en el estómago.
Me he callado que un día se callará las mismas cosas que ahora callo yo.
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